La CUP: de convento de clausura a burdel caro

La CUP en su asamblea

Atribulado MO:

Tres mil marginales (representando a un total de diez mil militantes de la llamada CUP), que se pretendían representantes del sovieticismo reencarnado por la idea, a priori terrorífica, de una Cataluña roja, racista, excluyente, totalitaria, jacobina y exterminadora de un seny que ya no se estila, demostraron ayer que no es para que se les tome demasiado en serio. Salvo a la hora de diagnosticar que equivalen a una mutación del ébola, fabricada en laboratorios del más obtuso separatismo y destinada a corroer la estabilidad y el progreso común.

Un empate im-po-si-ble de votos (alguien lo llamó homenaje a Dalí por su magistral surrealismo), llegado tras dos ensayos previos que ya anticiparon por dónde iría la cosa, fueron la prueba del algodón de hasta qué punto no sólo su atrabiliaria dirección sino también una militancia escuálida pero cutre a morir pueden hacer la carrera en los más bajos nidos de prostitución de Barcelona.

El pujolismo, sin miedo a las venéreas

Están listos para ofrecerse a unos cebados burgueses, abandonados sin preaviso por sus parejas en estas sensiblérrimas fechas y tan necesitados de compañía y sexo que ni siquiera exigen ver la cartilla de control sanitario. Deben de pensar que mejor padecer una gonorrea en toda regla que vivir el 2016 y sucesivos bajo la amenaza de responder ante la Justicia española (la de todos, con sus inmensos defectos a corregir) de tanto delito pendiente, con el riesgo de terminar en la misma picota que los Rato, Correa, Granados, Bárcenas y un largo etcétera a punto de abandonar el corredor de presuntos para instalarse en el salón de los probables convictos.

Y, eso, sólo en el PP, al que ellos ponían –y aún tienen los nísperos de poner- como paradigma del trinque, la coima y el desmán, cuando a su lado no pasan de ser unos aprendices chapuceros. Si incluimos en el memorial a los urdagarines y otros pájaros de diversas disciplinas y procedencias que se amontonan en capilla, acabaremor por sacar los colores a buena parte de la casta judicial catalana, tan renuente ella a insinuar barrote contra los atropellos de sus optimates. Y no es ese el propósito de la carta que te dirijo. Borra, por favor, esa sonrisita que acaba de dibujársete.

Los inexistentes pantalones de Mas

Me vas a perdonar que al llegar aquí me tome un respiro. Es porque me entró una risa a borbotones al recordar de pronto una frase dicha hace escasos días a la prensa por ese heroico Viriato catalán llamado Arturo Mas, cuya increíble relación de memes retratándole con disfraces suburbiales recomiendo encarecidamente: “Hacer concesiones a la Cup no significa bajarse los pantalones”. ¡Acojonante, MO, lo que yo te diga!

Eso que llama eufemísticamente concesiones sólo es renunciar a todas las reglas que han gobernado oficialmente su vida y las de sus compadres de cuna e ideología: la libertad de expresión y de opción, la empresa y la iniciativa privadas, la separación de poderes, y otras señales de identidad de lo que se conoce como democracia. Claro que esas actitudes las mantenían ante la galería. En privado, navegaban con otras mucho más gratificantes a efectos de patrimonios personales o de clan.

¡Pero vale lo mismo para los teóricamente desprendidos por mor del bien común de la CUP…! Acojonantes las frases de su cabeza visible Antonio Baños recogidas estos días en cien medios, en las que juraba (y, en este caso, perjuraba y mentía cual rey de los bellacos) que Mas no llegaría a renovar presidencia gracias al apoyo de su Candidatura d´Unitat Popular.

Promesas electorales juguetes del viento son

“No votaremos a un Gobierno presidido por Artur Mas….Nosotros lo que decimos en campaña, lo cumplimos. Nuestros lemas son promesas” (“La Sexta”, sept. 29). O esta consigna destinada a los militantes de su peña: “No votaremos nunca una investidura de Mas… ¡Nunca, nunca, nunca…! Así que pueden estar tranquilos”. (“El Diario.es”, 22 de sept.) “Jamás votaremos sí a un gobierno de Artur Mas” (SER, 23 de sept.) Emitió muchas más de factura idéntica, pero ¿para qué ser repetitivos hasta sonar machacones?

Ahora bien, si no les bastan las mencionadas seguridades del sin par Jenofonte de esa nueva banda de los 10.000 que vagaba errabunda por las satrapías del Imperio Pujólida, completémoslas con alguna lapidaria palabrita del Niño Jesús inmortalizada por su lugarteniente Anna Gabriel. Esa misteriosa e inclasificable chica de raro flequillo y gesto adusto que siempre parece anunciar tragedias al hablar en público fue igual de tajante que el gurú principal: “Si Junts pel Sí sigue presentando como candidato a Artur Mas, seguiremos votando que no” (“Ara”, 11 de nov.)

La relación de solemnes compromisos emitidos por estos defensores de meter en el Código Penal el incumplimiento de las promesas electorales (al igual que otros grupos de su cuerda) no me permitiría extenderme ni una línea más en esta misiva, MO, dado que ocuparía una página de la línea telefónica. Ya sabrás disculparme si, parodiando a nuestro romántico Bécquer cuando cantaba aquello de “hojas de árbol caídas, juguetes del viento son”, yo lo aplico a las promesas electorales de esa gentecilla sin par.

Entonces, decir hoy digo donde ayer dije Diego ¿acaso a ellos no se les debe tener en cuenta…? Pues, mira, va a ser que no, porque cuando se arroja al vertedero la moral e incluso una ética rudimentaria para facilitar el triunfo de no se sabe qué democracia encarnada por unos pocos miles de energúmenos en un país poblado por millones de personas que en su mayoría se han decantado contra el separatismo (no mencionemos ya las aberraciones que impregnan eso que llaman su ideología), estamos en el Reino de Todo Vale, satélite –bastante crecido, eso sí- del Imperio Pujólida. Para eso, para saltarnos las reglas a la torera y arrojarnos a una piscina en la que hasta los tontos ven que no hay agua, ¡virgencita, que me quede como estoy!

La apropiación del marxismo inteligente

Y va el hereu de esos Aqueménidas de opereta, el tal Mas, y dice que mostrarse impúdicamente en pelota picada ante los ojos del mundo entero, con unas vergüenzas ya pútridas al aire, “no es bajarse los pantalones”. Me pregunto: ¿están fumados los catalanes que apoyan a ese ser tan irrestrictamente impresentable, o su colocón se deberá a sustancias más fuertes, como el odio cultivado en las escolas, los complejos alimentados por las familias oligárquicas y el periodismo abducido o sobornado, además del sentimiento de frustración permanente porque Cataluña ha significado muy poco en la historia política del mundo, salvo cuando fue mascarón de proa y motor del Estado español?

No dudes que todo ese paripé de la CUP terminará con un apaño propio de celestinas y sacamantecas. El Dios del Cinismo descenderá sobre esos astutos y aprovechados chorlitos y repondrá en sus bocas aquella definición tan expresiva de una cementosa jeta que dijo Marx (Groucho, claro está, el marxismo lúcido): “Estos son mis principios. Pero, si no le gustan, tengo otros”. Sólo era –y es- cuestión de precio.

En el caso de estos prototipos de la decencia pública (los cuperos, al alimón con los Mas, Homs y cuantos huyeron como ratas de la apestada Convergencia), no es que simplemente tengan otros, es que tienen funcionando a pleno gas una fábrica enterita de recambios destinados a dar empleos y coimas a miles y miles de vividores que se envuelven en la “Estrellada”.

Desde mis propios pesares ante tanta desgracia, te envío un abrazo con el afecto de siempre.

Germán

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