Pompeii: «Queremos convertir la moda en un negocio de información»

Las zapatillas más famosas de las redes sociales llevan casi dos años pisando fuerte. El concepto Pompeii, la marca, su filosofía de vida es reflejo de una generación que ha revolucionado la forma de entender la moda. Sus «pompas» (zapatillas) han logrado una gran acogida entre los millennials y ahora se atreven con una colección de ropa que sigue la misma estela: sencillez y personalidad en cada prenda.

La historia de estos cuatro emprendedores es diferente porque ellos han querido desmarcarse desde el principio. Su estrategia de comunicación a través de las redes sociales ha dado lugar a uno de los casos más exitosos dentro del ecosistema startup de los últimos años. Con tan sólo dos ejercicios a sus espaldas, las cifras hablan solas: una facturación que ha pasado de los 140.000 euros anuales a los 2 millones.

Pero el crecimiento no tiene límites, o por lo menos el potencial de Pompeii. Con la internacionalización como próximo reto, la marca tiene grandes planes de cara al futuro; como abrir su primera tienda física o alcanzar los 100 millones de facturación durante los cuatro próximos años. Objetivos ambiciosos que les han llevado a ser un referente a nivel nacional entre los más jóvenes. De su generación, de la marca y de sus planes nos han hablado Jaime Garrastazu y Nacho Vidri, co fundadores de Pompeii.

¿Qué concepto hay detrás de Pompeii?

J: El propósito por el que se creó la marca en un principio no tiene nada que ver con lo que hemos desarrollado en el último año. Nuestra visión es convertir la moda en un negocio de información. Vemos que es un sector super tradicional, desde el momento de la producción hasta el momento de la venta, y creemos que internet ahora mismo sólo está impactando en el momento de la venta. La gente sabe cada vez más de sus clientes, pero en el terreno de la producción se sigue trabajando de la misma manera que hace 100 años.

Nosotros queremos minimizar los mayores riesgos que tiene una compañía como la nuestra, que son: la creatividad de los diseñadores y la compra de stock, utilizando internet. Es decir, los diseñadores trabajan con tablas de datos y el stock lo compramos en base a toda la información que nos genera nuestro ecommerce.

Nuestro objetivo es revolucionar el mundo de la moda a través de internet. En cuanto a la marca, queremos que sea totalmente transparente en todos los sentidos. Nuestra misión es que todo lo que se viva aquí se vea fuera y estamos en ese periodo de transición.

¿Hasta qué punto han sido determinantes las redes sociales para Pompeii?

J: Para nosotros ha sido 100% determinante. Cuando empezamos éramos cuatro chavales de universidad y no teníamos recursos para invertir en marketing, entonces, la única salida que teníamos eran las redes sociales. Nos preguntamos: ¿dónde está la gente? En redes. ¿Y cuánto cuesta estar ahí? Cero.

Ha sido esencial porque tenemos plena conciencia de cuáles son los productos que más gustan, cuáles son los productos que más se van a vender en función de cómo funcionan en redes sociales y cuáles son los que no, y qué hacer con lo que no gusta. La gente se pronuncia, interacciona con las publicaciones. Nos ha permitido conectar con la gente de verdad, no establecerlo como un escaparate sino como un medio de conexión con ellos, es una conversación bidireccional. De esta forma también humanizas la marca. Pompeii son personas, no es algo super idealizado.

¿Qué relación tiene una marca de calzado con el big data?

J: No estamos obsesionados por generar un producto, sí una marca. Estamos hablando de Pompeii, no de una zapatilla. Al final esto es una marca tecnológica, nuestra base y nuestra estructura es la de una agencia digital. Nuestro futuro está en los datos y no tanto en la moda en sí. Hemos elegido hacerlo a través de productos de moda, pero nuestra visión está en los datos.

¿En qué momento descubrís que el proyecto puede ser viable?

J: Cuando estábamos acabando la carrera seguíamos siendo cuatro chavales sin estructura y sin objetivos claros. En 2014 estábamos a la vez con nuestros primeros trabajos y al final del año hicimos 140.000 euros, algo más de 4.000 zapatillas. En ese momento pensamos: oye, esta es la oportunidad de nuestra vida. El proyecto como tal empezó en enero del año siguiente cuando nos dedicamos a tiempo completo a esto.

Nosotros siempre decimos que hay que emprender con coherencia, si vas a sacrificar algo primero prueba que tu modelo funciona. Para nosotros esa fue la prueba, vender 4.000 zapatillas sin dedicarnos a ello, y fue algo que nos defendía para dejar nuestros anteriores trabajos. Allí nos estábamos formando, pero aquí estábamos creando algo que podía cambiar el mundo.

¿Y el mayor error que cometisteis?

J: El mayor error fue ese mismo año al creernos que en el mercado mandábamos nosotros. Produjimos 3.000 zapatillas de un modelo nuevo que nos costó sudor y sangre sacar. La mayor lección que aprendimos fue que nosotros no mandábamos, que mandaba la gente, y lo aprendimos muy pronto pero a base de una leche muy grande.

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Como emprendedores, ¿cuál ha sido la mayor dificultad a la que os habéis enfrentado?

N: La mayor traba creo que fue nuestra inexperiencia, aunque a veces también es una virtud. Cuando tenemos que hacer algo tenemos que descubrir cómo se hace y eso es un arma de doble filo; por un lado no estas sesgado a pensar de alguna forma predeterminada, sino que te creas una opinión de la nada, pero a la vez hay cosas que sólo te da la experiencia.

Respecto a las dificultades específicas, hay problemas todos los días, desde saber cómo fichar a alguien hasta aprender a vender fuera de España o buscar capital. No es una piedra concreta en el camino, sino el día a día de crear una compañía. Si no tienes problemas es que no estas creando nada, crecer implica necesariamente que tendrás que solucionar dificultades.

¿Qué planes tenéis fuera de España?

N: De momento estamos decidiendo qué hacer. Ahora las ventas vienen sobre todo de países como Estados Unidos, que es el segundo mercado donde más vendemos, pero nos queremos centrar en países cercanos europeos, que por un tema de operaciones es más sencillo. Siempre existen algunos hándicaps, como el tema del idioma, pero son mercados en los que pensamos que la marca puede funcionar porque ya vendemos de forma residual.

Es probar y ver. Lo que tiene internet es que te permite hacer pruebas muy rápidas, verificar si algo funciona o no y poder tomar decisiones sin grandes costes o inversiones. Nosotros siempre hemos querido ser una marca global.

Los millennial son vuestro público objetivo, ¿cómo son los compradores de Pompeii?

N: Nuestro público es sobre todo universitario, entre 15 y 23 años, y me gusta pensar que es gente inconformista, que a la hora de plantearse la moda van más allá de eso. Creo que ese público cada vez va a ser mayor, queremos asociar la marca a ese tipo de gente que sale de la universidad y empieza a buscar trabajo, intentar que la gente se plantee qué va a hacer.

En el fondo, lo que tratamos de hacer es contar nuestra historia, no porque sea mejor ni peor, sino para que la gente la conozca y vea que también existe este camino. En su momento nos dimos cuenta de que existía un camino alternativo al que la mayoría escoge y, aunque tenía mucho riesgo, también tenía muchas cosas buenas. Nos gusta pensar que el cliente de Pompeii se siente identificado con eso de alguna forma.

¿No os da miedo que Pompeii se quede en una moda al dirigiros a un público tan joven?

N: Como todo tiene sus riesgos. Lo que queremos hacer es tratar de trascender al producto y que la marca sea algo de verdad potente. Esto está ligado a esa mentalidad del cambio, de la búsqueda de lo que de verdad te gusta hacer. Pero claro que hay riesgos, al final es moda, vendes un producto de ropa y corres el riesgo de quedarte ahí. Pero por eso es un reto y nos gusta.

¿Os gustaría ampliar vuestro público por edad?

N: Vamos captando gente de mayor edad, no sabes muy bien si es por un tema aspiracional o porque algunos modelos son válidos, pero es algo que no nos preocupa especialmente. Sí que tenemos idea de lanzar otras marcas en el futuro dirigidas a otros targets. Una vez que coger el know how de cómo funciona internet y la parte moda te planteas este tipo de cosas. Al final tienes que lanzar un mensaje muy específico, y si intentas agrandar el target, puedes confundirlos. Si tenemos la oportunidad lo haremos pero con otra marca.

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¿Qué os diferencia de las grandes marcas tradicionales?

N: Nosotros vemos que la moda es un negocio que podría utilizar mucho más la tecnología y la información para mejorar, para ganar ventajas competitivas. Al final, lo que nosotros vemos es una oportunidad. Aquí hay dos cosas: cómo eres tú con tu web y con toda la información que generas para entender mejor a tu público, –desarrollo de productos ad hoc– y con la parte logística, tener la ventaja de que el cliente compre sin tener el stock físico delante. Eso tiene mucho valor y coste cero. Hay tecnología de sobra, nosotros pensamos que el problema está en la mentalidad, al final estas marcas están más pensadas para generar economías de escalas dónde es más difícil generar esto. Por el momento estamos explorando pero pensamos que será una de nuestras ventajas en el futuro.

¿Veremos tiendas de Pompeii?

N: Seguro que pondremos tiendas físicas o puntos de venta, pero siempre nuestro canal principal será la web. Queremos estar en la calle, porque las personas están allí, pero no nos hace falta.

¿Qué planes tenéis de futuro?

N: Nuestro objetivo de facturación para este año es de dos millones de euros, y ahora vamos un poco por debajo pero hemos metido mucho equipo últimamente y se van notando los resultados. Creo que lo cumpliremos a final de año, además en el último trimestre tenemos una subida muy fuerte. El año siguiente queremos hacer 10 millones. Estamos intentando descubrir la receta de Pompeii, de lo que gusta, porque crece, y un factor clave será el salir fuera y verificar que nuestro modelo funciona.

Al final, lo que nosotros queremos es facturar 100 millones de euros en 4 años, ese es nuestro objetivo. Es un reto ambicioso pero nos parece lo suficientemente complejo y motivante para trabajar en ello. Esto sería mucho más complicado haberlo hecho hace 20 o 30 años, pero internet ha acelerado todas las curvas de rendimientos y esperamos que pase igual con Pompeii.

Un consejo para emprender.

N: Lo más importante es el equipo. Nosotros no estamos aquí por los cuatro, sino por las 25 personas que conforman el equipo. Este es el mayor activo de la compañía, ni la marca ni los resultados, son las personas que están dentro. Es un tópico, pero lo difícil es ser consecuente con eso: dejar al equipo hacer, que tome decisiones, dejar que se equivoque para que aprenda, etc…

En segundo lugar, creo que hay que convertirse en un master de la comunicación porque es la única habilidad que es necesaria pero no suficiente para ser un buen emprendedor. No me refiero a hablar bien en público o en los medios, va mucho más allá: se trata de tener una idea en la cabeza y activar mecanismos para traspasar esa idea a otras personas y que pueda ayudarte a alcanzar un objetivo común.

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