Turismo de aventura, sí; pero con fotos y vino

Según una encuesta de la agencia de viajes de lujo norteamericana Virtuoso, se nos viene encima un nuevo nicho de mercado: el del turista que no quieren renunciar a ningún lujo durante sus viajes de aventura.

Esto es como si Indiana Jones en vez de alojarse en el Templo Maldito, con esas pequeñas incomodidades en forma de bichos y sectas asesinas, decidiese viajar a la India y alojarse en el Oberoi Vanyabilas de Ranthambhore con sus 5 estrellas, su spa y sus cositas lujosas, además de moverse en un exclusivo Porsche Cayenne con la sana intención de, después de un duro día viviendo las más peligrosas aventuras, llegar al hotel tan limpito y elegante como cuando lo dejó. Muy loco todo.

Según Virtuoso, estos aguerridos exploradores demandan los siguientes destinos por orden de preferencia: Islandia, Galápagos; Costa Rica, Chile y la Patagonia; Nueva Zelanda, Perú, Cuba, la Antártida, el Polo Norte, Sudáfrica y Australia. Sudamérica es uno de los destinos favoritos debido a que los neoaventureros pueden experimentar una saludable combinación de naturaleza y cultura, algo que no es tan sencillo en otras regiones.

Entre las actividades más practicadas se encuentran el trekking y la escalada, rutas en bicicleta de montaña, kayaking, pequeñas expediciones en barco, descubrir gastronomía y vinos (en serio, es uno de los resultados de la encuesta), safaris y avistamiento de especies salvajes, paseos, realizar fotografías, submarinismo, y conocer el arte y la cultura de la zona visitada. Estos viajeros van en búsqueda de nuevas experiencias y para ello se sumergen en los destinos visitados para aprender sobre ellos, eso sí, sin renunciar a su habitual estilo de vida.

El 41% de estos nuevos descubridores se encuentra entre los 50 y los 65 años; el 24% entre los 35 y los 50; y un nada desdeñable 21% es mayor de 65 años. Tan solo el 14% son menores de 35 años. Las parejas y los recién casados son el perfil más común, pero también encontramos familias, amigos que viajan juntos y viajeros en solitario. Sus principales motivos para viajar son: desafiar sus límites saliendo de su zona de confort; familiarizarse con la cultura del destino visitado así como conocer a sus residentes; mirar el mundo desde otro punto de vista; y viajar ahora, antes de que  algunos de estos destinos sean más peligrosos. Incluso los hay que reconocen que no es que quieran hacer mucho, más allá de descansar.

Se trata de un nicho de mercado interesante para toda agencia de viajes especializada en viajes de lujo. Una nueva manera de descubrir el mundo tan válida como la del viajero que se lanza a conocer un país armado tan solo con una mochila. Además, este tipo de viajero también es más propenso a realizar un mayor gasto en destino por lo que todos salen ganando.

Desde un punto de vista puramente emocional, me queda la impresión de que estamos perdiendo el sentido de la aventura, la sensación de descubrimiento a la antigua usanza, cuando se decían cosas como “Doctor Livingstone, supongo”. Reconozco que mi concepto de “aventura” ha sido moldeado a imagen y semejanza del de películas como En Busca del Arca Perdida, Tras el Corazón Verde o Parque Jurásico; o de lecturas como las de Elige tu Propia Aventura, El Conde de Montecristo, o cualquiera de las novelas de Julio Verne. En todas ellas, sus protagonistas terminaban polvorientos y con la ropa desgarrada, además de llevarse unos cuantos puñetazos, ser perseguidos por dinosaurios, tribus indígenas o enormes piedras rodantes…  No acaban en un spa, pero que quieren que les diga, era mucho más divertido.

Imagen | ‘waytobehappy.org

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